Motos de agua en Cala Morell y en Menorca. Cuando decir NO protege a Menorca.
Escribir en la sección de Náutica no siempre es fácil. Llevo tiempo dándole vueltas a este tema.
No se ven muchas, ni en Cala Morell ni en Menorca… pero ya se ven. Normalmente no van solas; suelen aparecer en grupo, en manada, escupiendo chorros de agua y haciendo un ruido espantoso. Casi siempre con un solo pasajero, raramente con dos, porque el artilugio resulta incómodo incluso para quien acompaña.
Sí, hablo de las motos de agua.
Las he probado. Eso sí, lejos de Menorca. Durante los primeros cinco minutos sorprenden: la potencia, la aceleración, el ruido, las miradas que atraen… e incluso, por qué no decirlo, la barbaridad de combustible que consumen. Pero pasado ese breve momento de novedad, personalmente, dejan de tener mucho sentido.
Y ahora ya no vienen solo con motor y asiento. Cada temporada llegan más equipadas, más potentes y más llamativas.
Llevo tiempo reflexionando sobre ellas porque tengo sentimientos encontrados entre la libertad individual y el compromiso de cuidar el mayor patrimonio que tenemos: la isla. Quienes vivimos aquí y quienes nos visitan disfrutamos precisamente de aquello que hace diferente a Menorca respecto a otros destinos.
@digitalmenorcaaa
Os cuento una historia.
Estábamos en Cala Morell, una cala normalmente tranquila y protegida, cerca de Ciutadella, en la costa norte. Habíamos comido en el restaurante chiringuito Baristiu, situado sobre los acantilados, un lugar que difícilmente podría tener mejores vistas, un servicio más amable o mejores productos de proximidad a precios razonables.
Después bajamos a las plataformas de baño. Cala Morell tiene poca arena, pero mucho encanto. Charlábamos relajadamente con unos y otros, unos nos hablaban del Ivette Beach club un restaurante de otro nivel y abierto para cenar, de las distintas opciones de alojarse en Cala Morell…estábamos disfrutando de ese ambiente sereno que caracteriza el lugar.
Cala Morell es una cala Rodeada de pequeñas montañas que la protegen del viento, guarda además tesoros como su poblado costero del Coll talayótico, su necrópolis excavada en la roca y esas curiosas formaciones que la imaginación popular ha bautizado con nombres de animales.
Es un lugar especial. Nos encanta. Perfecto para practicar paddle surf gracias a la ausencia de oleaje, y extraordinario para el buceo por sus fondos rocosos, profundos y llenos de cuevas y vida marina.
Y entonces ocurrió.
A principios de temporada, cuando apenas había embarcaciones fondeadas, entró un grupo de unas seis motos de agua a toda velocidad.
Parecían una manada de lobos persiguiendo una presa.
Llegaron hasta pocos metros de la zona de baño. La cala, que ya estaba en calma, quedó en un silencio absoluto. Todas las miradas se dirigieron hacia ellos. Su sola presencia había conseguido alterar el ambiente.

Habían logrado su objetivo: ser los protagonistas.
Pero uno de ellos no se conformó. Encendió el equipo de música de su moto a todo volumen.
Entre los bañistas se percibía el desagrado, la indignación e incluso la tristeza de ver algo así en una playa de Menorca. Sin embargo, nadie decía nada.
Bueno… nadie, excepto uno.
Uno con vitamina N.
Esa vitamina tan necesaria que nos impulsa a decir «No» cuando corresponde.
Uno de los trabajadores del restaurante, que ya había terminado su turno, se detuvo. Dio media vuelta y, con la serenidad que proporciona saber que tienes razón, se acercó a ellos.
Les pidió que apagaran la música y que, si venían con esa actitud, sería mejor que se marcharan.
Y entonces sucedió algo que todavía hoy recuerdo con emoción.
No os lo podéis imaginar.
Toda la playa.
Desde la zona de las cuevas de los trogloditas hasta la roca del Elefante.
Todos.
Nos pusimos en pie y comenzamos a aplaudir.
Aplaudimos a aquel trabajador porque había representado exactamente lo que todos pensábamos y nadie se había atrevido a decir.
@digitalmenorcaaa
La manada arrancó de nuevo. Bramando, acelerando y molestando todo lo que pudo a bañistas y fauna marina, se alejó por donde había venido mientras recibía silbidos que dejaban claro que nadie deseaba volver a verlos allí.
Pero quizás el problema no eran ellos.
Quizás el problema es que el mal ya está hecho.
Menorca no es Ampuriabrava.
No queremos que Menorca sea Ibiza.
Esos destinos ya existen y han encontrado en ese modelo turístico una forma de vida. Nosotros queremos conservar otra cosa.
Queremos seguir disfrutando de una isla donde el silencio tiene valor.
Donde la naturaleza sigue siendo protagonista.
Donde el mar no necesita altavoces.
Es responsabilidad de todos cuidar lo que tenemos. Protegerlo. Y también ser capaces de reconocer que hay actividades que aportan mucho menos de lo que destruyen.
Porque preservar Menorca no significa estar en contra del progreso.
Significa entender qué es exactamente lo que hace única a esta isla.
No lo olvides.
La vitamina N también es necesaria para el buen funcionamiento de nuestro organismo.
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