Había escuchado mil veces eso de empezar la casa por el tejado, pero lo de empezar un barco por la cubierta eso lo descubrí el día que conocí la historia de Joan.
Una historia muy cortita…
que empezó una tarde cualquiera, con amigos, en el Bar Nou de Maó, esperando la primera ronda de un viernes. De repente aparece Joan: músico de profesión, sedentario por vocación, sofocado solo por subir las escaleras.
—¿Qué te pasa, Joan?
—¡Que lo he hecho! Estoy súper contento… ¡me he comprado un barco!
—¿Un barco? No sabía que querías comprar un barco, Joan.
—Ni yo —me contesta—, pero es que era una oportunidad…
Miro a mis amigos. Se mascaba la tragedia.
Resulta que un amigo de un amigo le dijo a Joan que había un velero de 10 metros en venta, de un catalán que se volvía urgentemente y necesitaba vender el barco rápido. El precio: 5.000 €. Joan no sabe mucho de barcos, pero 5.000 € sí los tiene, y eso de tener un barco propio le parece muy chulo.
Para no alargarlo demasiado: Joan queda con el dueño, este le enseña fotos y van a verlo fondeado. Joan queda impresionado por lo grande que es el barco y, como es listo y ve que el otro quiere vender, le hace una oferta de 3.500 €, que el vendedor acepta al momento. Contrato de compraventa, documentación en mano… y barco comprado.
—Joan, ¿qué tal está el motor?
—Está roto, pero me ha regalado un fueraborda de 6 cv que, con un apaño, funciona. El del barco ya lo arreglaré; total, solo es de 20 cv…

—Joan, ¿y la jarcia?
—¿Qué es eso?
Ahí ya se me estaban atragantando las aceitunas.
—¿Y las velas?
—Tiene dos… son las originales.
—¿Originales de cuándo?
—Pues… de hace casi 50 años. Tienen algunos rotos, pero ya las coseré o compraré otras. Son telas, ¿no? No puede ser mucho…
Empiezo a enternecerme con la inocencia de Joan.
—¿Y el casco?
—Súper bien, se le ve muy sano.
—Joan, viene el invierno… ¿qué vas a hacer con el barco?
—Nada, lo llevaré a un puerto. Me gusta el de calan bosch y el dés castell, pero igual Maó me queda más cerca. Ya decidiré.

Tenía ganas de pegarle. Mis pulsaciones estaban a 200. Pero lo vi tan ilusionado que decidí hacer lo único sensato: darle la enhorabuena… y pedir otra ronda.
Porque ya sabes cómo acaba esto: lo barato sale caro, y comprar un barco de segunda mano sin revisarlo puede convertirse en una auténtica pesadilla.
La pregunta es clara: ¿qué consejo le damos a Joan antes de que sea demasiado tarde.?
De momento, en la próxima entrada te contaré lo que me encontré al ir a ver el barco en persona y te pasaré presupuestos reales de empresas locales para convertir ese “chollo” en un barco a son de mar
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