Hola amigos, soy Wilco!! ya soy mayor !! y no me hago pipi en casa.
Algunos ya me conocéis porque he protagonizado unas cuantas aventuras con Digital Menorca por toda la isla. También en nuestra sección de Mascotas.
He recorrido calles, paseos, caminos y hasta me he metido en historias donde mis humanos acabaron preguntándose: «¿Pero este perro no se cansa nunca?».
Pues sí. Me canso, Pero hay una cosa que nunca me cansó cuando era cachorro: aprender.
Bueno… aprender algunas cosas sí. Especialmente eso de que el suelo de casa no era mi baño particular.
Al principio yo pensaba que aquello era bastante sencillo: si tenía ganas, hacía pipí. ¿Qué más quería mi familia? Después descubrí que los humanos tienen unas normas muy curiosas. Resulta que el sofá es para sentarse, la alfombra no es un jardín y el suelo de la cocina tampoco.
¡Qué complicado es vivir con humanos!
Pero con paciencia aprendí. Y hoy voy a contaros cómo podéis enseñar a un cachorro a hacer sus necesidades en la calle.

La primera lección de Wilco: observar al cachorro
Mi familia aprendió rápidamente que había momentos en los que yo tenía muchas posibilidades de necesitar salir.
Por ejemplo:
- Al despertarme.
- Después de comer.
- Después de beber bastante agua.
- Después de jugar.
- Después de una siesta.
- Cuando empezaba a olisquear el suelo insistentemente.
- Cuando daba vueltas como si estuviera buscando un tesoro.
Ese era el momento de coger la correa.
Y aquí está uno de los secretos: no esperar siempre a que el cachorro avise.
Cuando es pequeño, todavía está aprendiendo a controlar sus necesidades. Por eso funciona mucho mejor adelantarse y establecer una rutina.
Mi método favorito: salir, olfatear y… ¡premio!
Este fue mi método preferido.
Salíamos a la calle y mi familia me llevaba siempre a una zona tranquila. Yo olisqueaba, investigaba, miraba pasar gente y perros y, finalmente, hacía mis necesidades.
Entonces ocurría algo fantástico. ¡Premio!
Siempre me decían «Pipi, Muy bien» y una caricia, una felicitación, una pequeña recompensa y mucha alegría.
Yo tardé poco en descubrir la ecuación: si me dicen «Pipi…»ese es el sitio y el momento
Calle + pipí = fiesta.
Y cuando un perro descubre que una determinada conducta tiene una consecuencia agradable, es mucho más fácil que vuelva a repetirla.
El refuerzo positivo es precisamente una de las herramientas utilizadas en educación canina respetuosa. La clave está en premiar la conducta que queremos fomentar, no en castigar los errores.

¿Y qué pasa si me equivoco dentro de casa?
Aquí tuve que aprender otra cosa importante.
Si hacía pipí dentro de casa, no servía de nada que me regañaran después. ¿Por qué?
Porque yo no entendía que me estaban reprendiendo por algo que había hecho hacía cinco minutos o media hora. Para mí, aquello era simplemente: ¿por qué estás enfadado conmigo?».
La solución fue mucho más sencilla: limpiar bien, evitar montar un drama y continuar con la rutina.
Y, sobre todo, nunca castigarme ni restregarme el hocico en el sitio del accidente.
El truco de las señales
Con el tiempo empecé a dar pequeñas señales…Me acercaba a la puerta, empezaba a caminar nervioso y miraba a mi familia. Y ellos fueron aprendiendo a interpretar mi idioma.
Porque aquí hay otro secreto: los humanos también tienen que ser adiestrados.
Una vez que identificas esas señales, puedes adelantarte al accidente y salir rápidamente.
La rutina es nuestro mejor profesor
Si tienes un cachorro en casa, establece horarios razonablemente previsibles.
No hace falta llevar un cronómetro como si estuviéramos preparando una regata en el puerto de Ciutadella, Pero sí mantener cierta regularidad.
Salir con frecuencia durante las primeras semanas facilita que el cachorro relacione el paseo con el momento de hacer sus necesidades.
Y cuando lo haga fuera, ya sabes Pipi muy bien y felicítalo inmediatamente.
Yo necesito saber que el premio está relacionado con lo que acabo de hacer.
Un paseo no es solamente ir al baño
Esto también lo aprendió mi familia, Cuando salimos, no todo debe ser «pipí y vuelta a casa».
Un paseo tranquilo por Menorca puede ser una magnífica oportunidad para que un cachorro descubra sonidos, personas, otros perros y diferentes superficies.
Eso sí: siempre respetando las recomendaciones veterinarias sobre cuándo y cómo puede salir un cachorro según su vacunación y estado de salud.
¿Cuándo hay que consultar a un veterinario?
Si un cachorro que ya parecía controlar sus necesidades empieza a orinar de repente con mucha frecuencia, tiene molestias, sangre en la orina, diarrea, estreñimiento, bebe muchísimo o presenta cualquier cambio preocupante, no hay que pensar automáticamente que es un problema de educación. Primero hay que descartar un problema de salud.
En Menorca existen diferentes centros veterinarios repartidos por la isla. Por ejemplo:
- Clínica Veterinaria Rafael Coll Roselló, en Maó, que ofrece medicina preventiva, diagnóstico, cirugía y también servicios relacionados con comportamiento animal.
- Consulta Veterinaria Menorca, de Caroline Langlois, en Maó.
- Clínica Veterinaria Pérez Sintes, en Ciutadella, con servicios como vacunación, diagnóstico por imagen, cirugía y hospitalización.
- Clínica Veterinaria Es Mercadal, situada en el centro de la isla y próxima a Alaior, Ferreries, Es Migjorn y Fornells.
- Clínica Veterinària J. Pons, en Ciutadella, que figura en el registro oficial de centros y profesionales veterinarios de Baleares.
Conviene llamar antes de acudir para confirmar horarios, disponibilidad y servicios.
¿Y si necesitamos un adiestrador?
Aquí tengo que decir una cosa en nombre de todos los cachorros: un buen educador no enseña solamente al perro; también enseña a los humanos.
En Menorca encontramos, entre otros recursos, la Asociación Las Caninas, formada por educadores caninos de la isla. La asociación organiza actividades y talleres relacionados con educación, socialización, manejo y convivencia con perros.
También aparece la Escuela de Adiestramiento y Residencia Canina de Menorca, situada en la carretera general, en la zona de Alaior, con servicios de adiestramiento, residencia y actividades caninas. Las referencias disponibles sitúan el centro en el kilómetro 10,8 y facilitan el teléfono 629 814 080.
Antes de contratar, yo preguntaría qué metodología utilizan, cómo trabajan con cachorros, si las sesiones incluyen al propietario y qué hacen ante problemas concretos de conducta.

Mi decálogo de cachorro para humanos
Después de todo lo aprendido, estas son mis diez reglas para enseñar a un cachorro a hacer sus necesidades en la calle:
- Sacarme con frecuencia cuando soy pequeño.
- Crear una rutina.
- Observar mis señales.
- Llevarme al mismo lugar al principio puede ayudar.
- Premiar inmediatamente cuando lo hago fuera.
- No castigar los accidentes.
- Limpiar bien las zonas donde haya habido accidentes.
- Tener paciencia: cada cachorro aprende a su ritmo.
- Consultar al veterinario si hay cambios físicos o dudas de salud.
- Disfrutar del proceso.
Porque al final, queridos humanos, educarnos no consiste en conseguir que hagamos todo perfecto desde el primer día. Consiste en enseñarnos poco a poco qué queréis de nosotros.
Y nosotros también os enseñamos unas cuantas cosas. Por ejemplo, yo he conseguido que en mi casa sepan perfectamente cuándo quiero salir que sepan cuándo quiero comer y cuándo quiero jugar y cuándo quiero comer después de jugar.
Así que ya sabéis: paciencia, rutina, observación, cariño y premios cuando hagamos las cosas bien.
Un rato de adiestramiento todos los dias. Y ahora, si me disculpáis…Creo que tengo que salir, Nos vemos en la calle!!
AUTOR: G.A
ACTUALIZADO: 02 de Octubre de 2026
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