Cuando el “No a la guerra” se convierte en consigna selectiva
El 8 de marzo es, ante todo, una fecha destinada a reconocer el papel de la mujer en la sociedad y a recordar las dificultades que muchas tuvieron que superar para abrir camino a generaciones posteriores. Esa memoria histórica merece respeto y no debería estar sujeta a disputas partidistas.
Esto va de mujeres, no de política
Sin embargo, en los últimos años se observa con preocupación cómo algunas manifestaciones del 8M se han ido cargando de consignas políticas que poco tienen que ver con ese reconocimiento. Cuando en una marcha convocada en nombre de todas las mujeres se mezclan mensajes ideológicos, conflictos internacionales o intereses de partido, el riesgo es evidente: una causa que debería unir acaba siendo utilizada para dividir.
El ejemplo más reciente lo hemos visto en distintas movilizaciones donde el lema “No a la guerra” ha aparecido como bandera. La pregunta que muchos ciudadanos se hacen es sencilla: si de verdad se está contra la guerra, ¿por qué no se rechazan todas? ¿Por qué unas guerras movilizan pancartas y otras apenas merecen una mención? La paz, si se defiende de verdad, no puede ser selectiva.
Ese es el punto donde aparece la sospecha de hipocresía. Porque cuando un lema universal se utiliza solo en determinados contextos políticos, deja de ser un principio moral y pasa a convertirse en una herramienta ideológica.
Partidos políticos luchando por apropiarse algo que no les pertenece.
El Día Internacional de la Mujer debería ser un espacio de reconocimiento y de reflexión común, no un escenario donde diferentes partidos compitan por apropiarse de una causa que pertenece a toda la sociedad. Las mujeres no necesitan que nadie utilice su nombre para batallas partidistas.
Recordar la historia y reivindicar derechos es legítimo. Convertir esa memoria en instrumento político es otra cosa muy distinta. Y precisamente por respeto a la importancia del 8 de marzo, conviene no olvidar esa diferencia.
Autor: JESÚS JAVALOYAS
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