Nuestro campo, nuestras ciudades, nuestra libertad: el debate sobre quién decide nuestro futuro

Por Digital Menorca

Nuestro campo, nuestras ciudades, nuestra libertad.

Lo que me preocupa no es una decisión aislada ni un proyecto concreto. Lo que me preocupa es ver cómo cada vez más decisiones que afectan a nuestra forma de vivir, producir, cultivar y consumir se toman lejos del ciudadano y después llegan presentadas como inevitables.

Nos dicen que son necesarias, que son modernas, que son el único camino. Pero una sociedad madura no debería limitarse a obedecer; debería poder debatir, decidir y corregir.

Transformar el modelo energético.

Si hay que transformar el modelo energético, agrícola o económico, que se haga con transparencia, con debate y escuchando a quienes vivirán las consecuencias. Lo que no acepto es que decisiones que afectan durante generaciones al territorio, al campo, a la alimentación y a nuestra forma de vivir se conviertan en simples trámites administrativos.

Me preocupa ver cómo el campo español y europeo pierde superficie productiva, cómo aumenta la dependencia exterior y cómo el progreso parece medirse solo en cifras mientras cada vez menos personas sienten que participan en el rumbo de su propio país.

Me preocupa que sustituyamos tierras fértiles por decisiones de corto plazo y que después dependamos cada vez más de importar alimentos producidos lejos, bajo condiciones que muchas veces ni conocemos ni controlamos.

No rechazo el cambio por miedo ni por costumbre. Rechazo frontalmente un modelo de cambio que se decide desde arriba y después se presenta al ciudadano como algo que simplemente debe aceptar.

La sociedad debe decidir sobre su energía

Porque cuando un pueblo deja de decidir sobre su energía, su alimentación, su territorio y su futuro, no solo corre el riesgo de perder autonomía: empieza a perder su libertad.

Y una sociedad que deja de sentirse libre deja también de sentirse responsable de su propio destino.

El progreso solo merece ese nombre cuando convence. Cuando deja de convencer y solo exige adaptación, deja de parecer un avance y empieza a sentirse como una imposición.

Porque el verdadero progreso no consiste en cambiar la vida de la gente sin preguntarle. El verdadero progreso consiste en convencer, construir y avanzar juntos.

Y el día que un pueblo deja de decidir cómo quiere alimentarse, producir y vivir, quizá siga creyéndose libre… pero habrá empezado a dejar de serlo.

Jesús Javaloyas

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@digital.menorca

A tope de nuevo✨

♬ Jubel – 🙂

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