Camí de Cavalls: de Cala Morell a Algaiarens, una ruta para volver a creer en uno mismo
Hay días en los que cuesta levantarse. No porque falten ganas de vivir, sino porque el cuerpo y la mente necesitan un poco más de tiempo para volver a encontrarse.
Llevaba varias semanas bastante desanimada. En temporada alta, la sanidad en Menorca funciona a otro ritmo y, después del accidente que sufrí entrenando con la bicicleta de montaña, mi mano todavía no me permite hacer muchas de las cosas que más me gustan.
Sin embargo, esta mañana mi voluntad ha decidido imponerse a la pereza.
Hoy toca caminar. Y que mejor que nuestra sección de Ocio para encontrar la inspiración.
Hoy toca descubrir un nuevo tramo del Camí de Cavalls, concretamente la Etapa 8 del GR-223, entre Cala Morell y Algaiarens (La Vall).
Son apenas cinco kilómetros y medio, una de las etapas más cortas del sendero, pero también una de las más completas. En muy poca distancia se concentran algunos de los paisajes, formaciones geológicas, rincones históricos y espacios naturales más espectaculares de Menorca.
Y, sinceramente, para la poca motivación que arrastraba estos días, me parecía el mejor lugar para empezar de nuevo.
Cala Morell, donde la historia comienza hace más de 3.000 años
Me dejan en Cala Morell.
Mi inseparable compañero de aventuras, Wilco, baja del coche antes que yo, moviendo la cola como si supiera que hoy iba a ser un gran día.
Cala Morell ya la conocemos bien. De hecho, hablamos de ella en nuestro artículo sobre «Cala Morell y la Vitamina N», donde descubrimos que este rincón estuvo habitado hace más de tres mil años.
Aquí se encuentra la impresionante Necrópolis de Cala Morell, una de las más importantes de Menorca, excavada directamente sobre la roca.
También merece la pena recorrer el pequeño sendero que conduce hasta el antiguo poblado pretalayótico, rodeado de acantilados que parecen caer directamente sobre el Mediterráneo.
Y cómo no detenerse unos minutos frente a la famosa Roca del Elefante, una curiosa formación natural cuya silueta recuerda perfectamente la cabeza de este enorme animal.
Las escaleras que descienden hacia la pequeña cala de los antiguos trogloditas siguen siendo uno de esos lugares capaces de sorprender incluso a quien ya ha estado aquí varias veces.
Pero hoy no toca hacer turismo.
Hoy el objetivo es caminar.
El Camí de Cavalls está perfectamente señalizado y resulta imposible perderse.
El aljibe de Corniola y el placer de caminar sin prisa
Perdida en mis pensamientos, casi sin darme cuenta llegamos al antiguo aljibe de Corniola.
Durante siglos, esta sencilla construcción recogió el agua de lluvia para abastecer al ganado que pastaba por la zona durante los meses más secos del año.
Mientras yo observo aquel pequeño pedazo de historia rural, Wilco aprovecha para investigar cada arbusto como si estuviera resolviendo el caso más importante de su carrera detectivesca.
El rugido de la Tramontana y una sorpresa inesperada
Poco después el sendero vuelve a acercarse al mar.
Hoy la tramontana sopla con fuerza y el espectáculo del oleaje resulta hipnótico.
Las olas golpean con violencia los acantilados levantando columnas de espuma que parecen querer alcanzar el cielo.
En ese momento Wilco comienza a ladrar.
Su cola gira como las aspas de un helicóptero.
Está claro que ha descubierto algo.
O mejor dicho…a alguien.
Levanto la vista y no puedo creer lo que estoy viendo.
—¡Pero si están haciendo surf!
¿Surf en Menorca?
Jamás imaginé encontrar surfistas en este rincón de la isla.
Nos acercamos a uno de ellos durante un descanso y comenzamos a hablar.
Nos explica que aquí, en el Codolar de Biniatram, únicamente es posible surfear cuando entra un fuerte temporal de tramontana.
Incluso entonces, las condiciones son muy exigentes.
El fondo es completamente rocoso, las olas rompen de forma caótica y únicamente los surfistas con mucha experiencia se atreven a entrar al agua.
Prometo que muy pronto os contaré todo lo que aprendí aquel día sobre el surf en Menorca en un artículo específico dentro de la sección de Náutica de Digital Menorca.
Porque sí… En Menorca también se hace surf.
Y mucho mejor de lo que imaginaba.

Ses Fontanelles, donde el tiempo parece haberse detenido
El sendero desciende suavemente entre los árboles.
De repente, el paisaje cambia por completo.
El camino se estrecha y se convierte en un pequeño pasadizo junto al mar.
Hemos llegado a Ses Fontanelles.
Durante siglos fue un pequeño embarcadero utilizado por pescadores.
Todavía conserva una sencilla rampa de piedra, un modesto muelle y las tradicionales casetas donde antiguamente se guardaban las pequeñas embarcaciones.
No hay nadie.
Solo el sonido del mar.
Nos sentamos unos minutos.
Aquí el Mediterráneo parece mucho más tranquilo que apenas unos cientos de metros atrás.
Es curioso cómo el mismo mar puede mostrar dos caras completamente distintas.
A veces las cicatrices también enseñan
Retomamos el camino.
Ahora caminamos bajo grandes pinos que proporcionan una agradable sombra.
Las amplias pistas de tierra muestran claramente las huellas que dejan las bicicletas de montaña.
Las mismas bicicletas que tanto me apasionan.
Las mismas con las que sufrí el accidente.
Me detengo un instante.
Sonrío.
Y, al mismo tiempo, noto cómo los ojos empiezan a humedecerse.
Sé que pasarán muchos meses antes de volver a entrenar.
Pero también sé que esto solo es un paréntesis.
No el final.
Hay heridas que tardan en cerrar.
Y otras que, mientras cicatrizan, nos enseñan a mirar la vida con un poco más de calma.
Hoy no he venido a batir ningún récord.
He venido simplemente a caminar.
Y eso ya es suficiente.

La recompensa: Algaiarens, uno de los grandes tesoros de Menorca
Finalmente aparece La Vall, también conocida como Algaiarens.
Uno de los espacios naturales mejor conservados de toda Menorca.
Aquí conviven playas vírgenes como Es Tancats y Es Bot, bosques mediterráneos, dunas, torrentes estacionales y pequeñas zonas húmedas donde incluso pueden observarse tortugas de agua.
Todo este entorno forma parte de la Red Natura 2000, una garantía de protección para uno de los ecosistemas más valiosos de la isla.
No podemos resistir la tentación.
Nos damos un baño.
El agua está perfecta.
Mientras floto mirando el cielo pienso que, quizá, necesitaba este paseo mucho más de lo que imaginaba.
Una cita sin cobertura… como antes
Cuando salimos del agua me doy cuenta de que el teléfono sigue sin tener cobertura.
Y sonrío.
Hemos quedado para que vengan a recogernos a una hora concreta y en un lugar concreto.
Como se hacía antes.
Sin mensajes.
Sin ubicación en tiempo real.
Sin prisas.
Solo confiando en que nos encontraremos.
Y, por alguna razón, eso también forma parte de la magia del Camí de Cavalls.
Porque algunos caminos no solo unen lugares.
También consiguen volver a unirnos con nosotros mismos.
Conclusión
No todas las aventuras consisten en llegar más lejos. Algunas empiezan el día en que decides salir de casa, aunque no tengas el ánimo de siempre. Este tramo del Camí de Cavalls entre Cala Morell y Algaiarens me recordó que la naturaleza tiene una forma muy especial de ayudarnos a sanar: sin hacer ruido, paso a paso, al ritmo del mar y del viento.
Si alguna vez necesitas desconectar, calmarte, recuperar fuerzas o simplemente volver a disfrutar del camino, esta ruta puede convertirse en mucho más que un paseo. Puede ser, como lo fue para mí, el comienzo de una nueva etapa.
A nuestra amiga Daniela, una campeona de Europa de BTT a la que le deseamos una pronta recuperación.
Autor: G.A
Actualizado:23 07 2026
También te puede interesar:
Un paseo junto a Wilco por Ciutadella de Menorca con mucho encanto
Qué ver en Fornells: historia, leyendas y la aventura de Wilco

[…] Camí de Cavalls: de Cala Morell a Algaiarens, una ruta para volver a creer en uno mismo […]