Qué ver en Fornells: una visita entre historia, leyendas…y la aventura de Wilco
Hay lugares de Menorca a los que siempre acabamos regresando. No importa cuántas veces los hayas visitado, siempre descubres un rincón diferente, una nueva historia o simplemente disfrutas otra vez de ese ambiente tan especial que parece detener el tiempo.
Para nosotros ese lugar es Fornells.
Y sí… como siempre, veníamos acompañados de nuestro inseparable Wilco.
Esta vez también nos acompañaban unos amigos que habían venido a pasar unos días de vacaciones en Menorca y queríamos enseñarles uno de esos lugares que nunca aparecen completos en las guías rápidas, pero que esconden siglos de historia.
No imaginábamos que aquel paseo acabaría convirtiéndose en una pequeña aventura cuando, de repente…
Wilco desapareció.
La bahía de Fornells, mucho antes de existir el pueblo
Cuando uno contempla la inmensa bahía de Fornells cuesta imaginar que durante siglos aquí no existía ninguna población.
Sin embargo, este extraordinario puerto natural ya era utilizado por embarcaciones mediterráneas muchos siglos antes de que naciera el pueblo actual. Comerciantes y marinos genoveses encontraban aquí un refugio seguro frente a los temporales de tramontana ya durante la Edad Media.
La bahía continúa siendo uno de los puertos naturales más espectaculares de todo el Mediterráneo occidental y explica perfectamente por qué Fornells terminó convirtiéndose en un importante enclave estratégico de Menorca.
La Fortaleza de San Antonio, el origen de Fornells
Nuestra primera parada fue, como siempre, la Fortaleza de San Antonio.
Poca gente sabe que el pueblo de Fornells nació precisamente alrededor de este castillo. Fueron los soldados, obreros y artesanos que trabajaban en su construcción quienes levantaron las primeras viviendas que acabarían formando la localidad.
La fortaleza fue construida durante el siglo XVII para proteger la entrada de la bahía, aunque fue demolida en 1782 tras finalizar una de las ocupaciones británicas de Menorca.
Hoy únicamente se conservan algunos restos arqueológicos y parte de sus cimientos, pero el lugar mantiene un enorme valor histórico.
Además, las vistas sobre toda la bahía son sencillamente espectaculares.
Y, para qué negarlo…
Muy cerca se encuentra nuestro rincón favorito para comenzar cualquier visita: una agradable terraza de el Restaurante Sa Nansa donde siempre terminamos tomando un aperitivo mientras Wilco corretea saludando a todo el mundo.
Paseando hacia la Torre de Fornells
Desde la fortaleza continuamos caminando tranquilamente por el carrer dels Vivers, uno de esos paseos que invitan a caminar sin prisas.
En pocos minutos llegamos hasta uno de los rincones más curiosos del recorrido.
El pequeño Santuario de la Virgen de Lourdes
Protegido por una cavidad natural de roca que lo resguarda de la fuerte tramontana aparece un diminuto oratorio dedicado a la Virgen de Lourdes.
Es un lugar sencillo.
Un pequeño altar decorado con azulejos, una imagen de piedra de la Virgen, flores frescas y numerosas velas que los vecinos mantienen cuidadosamente durante todo el año.
No es un monumento espectacular.
Precisamente ahí reside su encanto.
En medio de un paisaje dominado por fortificaciones militares, este pequeño santuario transmite una inesperada sensación de paz.
La Torre de Fornells, uno de los mejores miradores de Menorca
Pocos metros más arriba aparece la impresionante Torre de Fornells.
Construida por los británicos en 1801, su misión era controlar cualquier embarcación que intentara entrar en la bahía y defender este punto estratégico frente a posibles ataques procedentes del mar.
Hoy es uno de los monumentos históricos mejor conservados de la zona.
Su museo permite conocer cómo era la vida de los soldados destinados en la torre y, sobre todo, disfrutar de unas vistas extraordinarias sobre toda la costa norte de Menorca.
Siempre comenzamos aquí las visitas cuando vienen familiares o amigos.
Y Wilco también parece sentirse como en casa.
Los guías ya la conocen perfectamente.
Pero aquel día ocurrió algo extraño.
Miramos a un lado.
Después al otro. Silbamos.
La llamamos varias veces. Nada.
Wilco había desaparecido.
Comienza la búsqueda por las calles de Fornells
Bajamos casi corriendo hacia el pueblo.
Recorrimos una y otra vez sus calles blancas.
Preguntamos a varias personas.
Mirábamos cada terraza, cada pequeño callejón, cada rincón del puerto.
En nuestro camino dejamos pendiente la visita a la Iglesia de San Antonio Abad, una de las construcciones más antiguas del municipio.
Edificada hacia 1639 para atender espiritualmente a los habitantes del pequeño núcleo que servía al castillo, fue ampliándose conforme aumentaba la población de Fornells durante el siglo XVIII.
Su interior mantiene la sencillez característica de muchas iglesias menorquinas: una sola nave y pequeñas capillas laterales que invitan al recogimiento.
La entrada es gratuita y merece una visita tranquila.
Pero nosotros solo pensábamos en encontrar a Wilco.
Wilco recorre algunos de los rincones más sorprendentes de Mahón en una guía diferente y divertida para conocer la capital menorquina.
La torre de Ses Sargantanes y una antigua leyenda de tramontana
Desesperados, todas nuestras miradas terminaron dirigiéndose hacia la pequeña isla situada frente al puerto.
Allí se levanta la Torre de Ses Sargantanes, una fortificación británica construida en 1802 para proteger la entrada de la bahía.
Aunque se conserva en buen estado, actualmente no puede visitarse porque pertenece a propietarios privados.
Sin embargo, alrededor de esta torre continúa viva una curiosa leyenda popular.
Los pescadores más veteranos cuentan que hace muchos años, durante una fortísima tramontana que duró cuatro noches consecutivas, aparecieron sobre la isla unos misteriosos animales cuyos aullidos recordaban a los de los lobos.
Sus ojos, decían, brillaban como los de un dragón.
Aquellas noches ningún perro quiso salir de casa.
Y algunos, según cuenta la tradición oral, desaparecieron sin dejar rastro.
Mientras contemplábamos la isla desde el puerto no pudimos evitar acordarnos de aquella historia.
—No me digáis que Wilco habrá decidido investigar la leyenda…
El final de la historia
Justo cuando empezábamos a preocuparnos de verdad, escuchamos unas risas procedentes del puerto.
Allí estaba.
Sentado tranquilamente junto a unos pescadores que estaban arreglando las redes mientras uno de ellos compartía con Wilco toda la atención del mundo.
Como si nada hubiera pasado.
Nos miró moviendo la cola con esa expresión que parecía decir:
«¿Ya habéis terminado de buscarme?»
Respiramos aliviados.
Y acabamos haciendo lo que probablemente hacen todos los que visitan Fornells.
Sentarnos frente al mar.
Disfrutar del ambiente.
Y terminar el día degustando una buena caldereta de langosta, en el restaurante Sa Fonda, el plato más emblemático del pueblo.
Fornells, mucho más que una postal
Fornells es mucho más que uno de los pueblos más bonitos de Menorca.
Es historia.
Es patrimonio militar.
Es tradición marinera.
Es un lugar donde todavía viven familias que madrugan cada día para salir a pescar, donde durante siglos también trabajaron las salinas de la bahía y donde el visitante debe recordar siempre que, aunque esté de vacaciones, sus vecinos continúan viviendo aquí durante todo el año.
Por eso merece la pena recorrer sus calles con calma, hablar en voz baja, respetar el descanso de quienes viven en ellas y dejarse llevar por la tranquilidad que caracteriza este rincón del norte de Menorca.
Y si durante vuestra visita os cruzáis con un simpático caniche negro llamado Wilco…
No os preocupéis.
Seguramente solo estará haciendo nuevos amigos.
AUTOR: G.A
ACTUALIZADO: 15 de Julio de 2026
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