Ceuta y Melilla vuelven a la actualidad: cinco siglos de historia y una reflexión que también interpela a Menorca
Hay noticias de Actualidad que parecen lejanas, pero que invitan a reflexionar sobre cuestiones que afectan a toda España. Porque Ceuta y Melilla son españolas.
La reciente invasión vivida en Ceuta, junto al restablecimiento temporal de controles fronterizos hacia España por parte de países como Italia dentro del espacio Schengen, ha devuelto al primer plano un debate que combina historia, derecho internacional y geopolítica.
Desde Menorca puede parecer un asunto distante. Sin embargo, vivir en una isla nos recuerda cada día que la estabilidad institucional, la libre circulación y la seguridad jurídica son elementos esenciales para nuestro presente y nuestro futuro.
Ceuta y Melilla: una soberanía con siglos de historia
Cuando se habla de Ceuta y Melilla, a menudo se simplifica un asunto que tiene más de cinco siglos de recorrido.
Melilla forma parte de España desde 1497, cuando la Corona de Castilla tomó posesión de una ciudad que se encontraba prácticamente en ruinas y sin una autoridad efectiva. En aquel momento, los wattasíes de Fez y los zayyaníes de Tlemecén se disputaban su influencia, pero ninguno ejercía un control real sobre ella. No se arrebató un territorio a un Estado consolidado, sino que se ocupó una plaza abandonada.
La historia de Ceuta, por su parte, pasó definitivamente a la soberanía española en 1668, tras el Tratado de Lisboa, cuando Portugal reconoció su integración en la Corona española.
Un dato histórico resulta especialmente significativo: la actual dinastía alauí, que continúa gobernando Marruecos, no llegó al poder hasta la década de 1660, casi dos siglos después de que Melilla pasara a formar parte de Castilla.

Mucho más que una cuestión histórica
Sin embargo, la fortaleza de la posición española no descansa únicamente sobre esas fechas.
Lo verdaderamente relevante es que Ceuta y Melilla llevan más de cinco siglos bajo administración española de forma continua, pacífica y efectiva. Durante todo ese tiempo han desarrollado instituciones plenamente integradas en el Estado, cuentan con representación en las Cortes Generales y sus ciudadanos ejercen exactamente los mismos derechos y obligaciones que cualquier español.
Desde el punto de vista jurídico, este ejercicio continuado de la soberanía constituye uno de los principios más sólidos reconocidos por el derecho internacional, conocido como prescripción adquisitiva, mediante la cual una posesión prolongada, estable y no interrumpida consolida un título territorial.
Cada vez que sus ciudadanos participan en unas elecciones generales, autonómicas o municipales, esa realidad institucional vuelve a reafirmarse.
¿Qué argumenta Marruecos?
Las reivindicaciones marroquíes no se sustentan en una continuidad histórica de la actual monarquía sobre estos territorios, sino principalmente en dos argumentos: la proximidad geográfica y el marco de la descolonización.
Sin embargo, ambos planteamientos encuentran importantes dificultades jurídicas.
Ceuta y Melilla nunca han sido colonias españolas, sino parte integrante del territorio nacional. Jurídicamente tienen el mismo reconocimiento institucional que cualquier otra ciudad española, con autonomía propia, representación parlamentaria y plena integración constitucional.
Además, el propio proceso de descolonización reconocido por Naciones Unidas se basa en el principio de autodeterminación de los pueblos, y los habitantes de ambas ciudades nunca han manifestado democráticamente su voluntad de dejar de formar parte de España.
La cercanía geográfica, por sí sola, no determina la soberanía de un territorio.

La actualidad también deja una reflexión para Menorca
Menorca mantiene desde hace años una estrecha relación con Francia. Miles de ciudadanos franceses visitan la isla cada temporada, muchos han decidido comprar una vivienda y algunos incluso han fijado aquí su residencia habitual. Su presencia forma parte ya del paisaje económico y social menorquín.
Pero ¿bastaría esa proximidad geográfica o el creciente número de residentes franceses para cuestionar la soberanía española sobre la isla? Evidentemente, no.
Precisamente esa comparación ayuda a entender uno de los principales argumentos del derecho internacional: la soberanía de un territorio no depende de quién viva cerca de él ni del origen de parte de sus residentes, sino de la continuidad histórica, el ejercicio efectivo de la administración, el reconocimiento institucional y la voluntad democrática de sus ciudadanos.
Una lección que trasciende el mapa
La actualidad demuestra que las fronteras no solo se dibujan sobre un mapa. También se construyen con historia, con instituciones, con ciudadanía y con la voluntad democrática de quienes viven en un territorio.
Cinco siglos después de su incorporación a España, Ceuta y Melilla siguen formando parte del país no únicamente por lo que ocurrió en el pasado, sino porque esa realidad se reafirma cada día a través de sus instituciones y de sus ciudadanos.
Y quizá esa sea también la principal enseñanza para una isla como Menorca: que la estabilidad que hoy disfrutamos no debe darse nunca por descontada. Es el resultado de décadas —y en algunos casos de siglos— de acuerdos, convivencia y seguridad jurídica que merece la pena comprender y preservar.
Tu opinión nos importa, te leemos en los comentarios.
AUTORA: Cristina M.
ACTUALIZADO: 1 de Agosto de 2026
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