El mar tampoco es gratis: lo que no nos han contado de los molinos eólicos
La eólica marina en Menorca vuelve al centro del debate. El G.R.A.M. analiza el proyecto Tramuntana Wind y plantea sus dudas sobre siete aerogeneradores flotantes proyectados frente a la costa de Mahón, su impacto ambiental, su modelo económico y la capacidad de la red eléctrica insular.
Artículo de opinión del Grup per a la Restauració Ambiental de Menorca (G.R.A.M.)
Antes de dejarnos deslumbrar por la última promesa de la eólica marina en Menorca, conviene mirar qué ha pasado con las iniciativas anteriores.
La empresa que plantea instalar, según las informaciones difundidas, aproximadamente siete aerogeneradores flotantes a 10,7 kilómetros de nuestra costa, en la entrada de la rada natural de Mahón (conocida como Puerto de Mahón), no es una desconocida.
WTF Energías Renovables ya gestiona en Menorca los parques solares Ses Vinyes I y II (Es Mercadal, unos 5 MW combinados, en marcha según consta desde 2023), que ocupan una superficie estimada de 65.466 m² (21.347 m² de Ses Vinyes I y 44.119 m² de Ses Vinyes II; el equivalente aproximado a 9 campos de fútbol) y que, además, se ubican en una zona catalogada presuntamente de aptitud fotovoltaica “baja” según el Decreto 33/2015, de 15 de mayo, de aprobación definitiva de la modificación del Plan Director Sectorial Energético de Baleares.
Así que, antes de creernos la próxima promesa, hagamos una pregunta sencilla:
¿Qué nos ha traído la anterior? ¿Hemos notado alguna rebaja en la factura de la luz?
Lo que sí consta, porque lo publica la propia prensa del sector consultada, es que la red eléctrica insular se encuentra al límite: el cable submarino a Mallorca estaría operando de forma limitada a unos 20 MW de los 80 nominales, y diversos parques solares habrían tenido que recortar su producción, según dichas fuentes, hasta en un 70% en horas de máximo sol al no disponer de capacidad de evacuación.
Energía que se pierde sin ser aprovechada, mientras la solar requiere siempre un respaldo de origen fósil que rara vez se menciona.

Un negocio financiero, no ambiental
Porque ahí está la clave que no nos cuentan: el negocio no radica únicamente en que el molino gire y genere electricidad, sino en la obtención del permiso.
Al concederse la autorización de acceso y conexión —al inicio del proceso y sin garantías de producción real—, el promotor consigna ese derecho como activo y comienza a rentabilizarlo financieramente.
Es como si se concediera una reserva de plaza de aparcamiento sin comprobar si se tiene coche, permitiendo incluir ese título en balance y comerciar con él sin verificar si el vehículo —la energía real— llega a existir.
El negocio continúa cuando la promotora construye la infraestructura de evacuación y la cede a la distribuidora o transportista (Real Decreto 1955/2000), integrándose en la red regulada.
A partir de ahí, se aplican sobre ella amortización, mantenimiento y una retribución financiera —fijada como referencia por la CNMC en el 6,58 % para 2026-2031— durante toda su vida útil, vertiendo energía o no.
La factura de la luz termina pagando por infraestructuras que podrían no verter jamás un solo MWh.
No hace falta ir lejos para comprobarlo. La sociedad creada para instar la tramitación de este proyecto, Tramuntana Wind Menorca, S.L. (CIF B19881945), figura constituida, según datos del Registro Mercantil, el 9 de julio de 2024 con un capital social de 3.000 euros para promover un parque proyectado en 140 MW: un negocio que movería un volumen económico estimado en cientos de millones de euros.
Una desproporción que refleja un modelo enfocado en la tramitación de derechos de desarrollo.
Y detrás de ella, según fuentes corporativas, se situaría un grupo empresarial familiar con sede en Madrid sobre el que recae, además, la responsabilidad del desmantelamiento final de la instalación…
¿Lo estamos valorando adecuadamente?
Las mismas promesas y la decisión lejana
Las promesas ya las conocemos: en 2024 el promotor anunció una «comunidad energética» mediante crowdfunding, energía a precios reducidos y el desmantelamiento del parque de Milà.
Dos años después, ¿qué se ha materializado?
Ahora sugieren el cultivo de mejillones bajo las turbinas flotantes, mientras al ciudadano de a pie se le exige permiso para cualquier actividad en el mar.
Y hay algo fundamental: la decisión no se toma aquí.
Las aguas son de competencia estatal, por lo que la última palabra la tiene Madrid, no los ayuntamientos de Mahón ni Ciutadella.
Una vez iniciado el procedimiento administrativo, frenarlo resulta casi imposible frente a la capacidad técnica del grupo promotor y de una Administración reticente a dar marcha atrás.
Tampoco existen respuestas sobre el impacto ambiental real de un parque de estas dimensiones: la alteración del fondo marino por los anclajes flotantes, la contaminación acústica subacuática de baja frecuencia y sus efectos en la fauna marina, la afección a especies amenazadas como la pardela balear (Puffinus mauretanicus) en su corredor migratorio, o el destino final de unas palas para las que España no cuenta aún con una solución de reciclaje consolidada.
Lo que está en juego
¿Queremos molinos industriales en la bocana del Puerto de Mahón, el segundo puerto natural más grande del mundo tras Hawái?
Neguemos la mayor: no los queremos.
Si lo permitimos, tras ocupar el campo con placas solares, irán a por el mar. Para ellos es un negocio; para nosotros, el lugar donde vivimos y el que heredarán nuestros hijos.
El desarrollo sostenible es aquel que satisface las necesidades del presente sin comprometer las de las generaciones futuras.
Convertir la descarbonización en la coartada de un modelo especulativo es una trampa.
Entre la “Menorca Mágica” que retrató Carlos Garrido o la Menorca de “Piedras y Viento” que noveló Mario Verdaguer, y un vertedero de placas y palas que hoy no se reciclan, debemos decidir qué isla dejamos a quienes vendrán después.
Si la respuesta es NO, es ahora cuando toca decirlo. Después será tarde.
AUTOR: GRUP PER A LA RESTAURACIÓ AMBIENTAL DE MENORCA (G.R.A.M.)
ACTUALIZADO: 1 de Octubre de 2026

Preguntas frecuentes sobre la eólica marina en Menorca
¿Qué es el proyecto Tramuntana Wind Menorca?
Tramuntana Wind Menorca es un proyecto de parque eólico marino flotante frente a la costa de Menorca. La documentación ambiental inicial contemplaba 12 aerogeneradores y 240 MW, mientras que posteriormente se ha difundido una propuesta reducida a siete aerogeneradores y 140 MW.
¿Dónde se instalarían los aerogeneradores?
Según las últimas informaciones difundidas sobre la propuesta, los siete aerogeneradores flotantes se situarían aproximadamente a 10,7 kilómetros de la costa, frente al entorno marítimo de Mahón.
¿Qué impacto preocupa al G.R.A.M.?
En este artículo de opinión, el G.R.A.M. plantea dudas sobre el impacto en el fondo marino, el ruido submarino, la fauna y el paisaje, además del futuro desmantelamiento de las instalaciones, la capacidad de la red eléctrica insular y el modelo económico asociado al proyecto.
¿Quién debe autorizar el parque eólico marino de Menorca?
Al tratarse de un proyecto de eólica marina, su tramitación implica a la Administración General del Estado. En la documentación del procedimiento figura la Dirección General de Política Energética y Minas como órgano sustantivo.
¿Está autorizado ya el parque eólico Tramuntana Wind Menorca?
No debe confundirse la existencia y tramitación de un proyecto con su autorización definitiva. La documentación pública disponible recoge el procedimiento ambiental y administrativo correspondiente al proyecto.
Tu opinión también importa, te leemos en comentarios.
Este texto es un artículo de opinión remitido por el Grup per a la Restauració Ambiental de Menorca (G.R.A.M.). Las afirmaciones, valoraciones y conclusiones expresadas corresponden a sus autores.
También te puede interesar:
Zonificación de renovables: por qué no basta para ordenar la transición energética
[…] Eólica marina en Menorca: lo que no nos han contado de los molinos […]