Fernando Estrade: medio siglo haciendo del turismo familiar una forma de entender Menorca
Hay negocios que sobreviven al paso del tiempo. Y hay otros que consiguen algo mucho más difícil: evolucionar sin perder su esencia.
El Hotel Aguamarina, situado en una de las zonas más privilegiadas de Menorca, pertenece a ese segundo grupo. Detrás de sus más de 50 años de historia hay una familia, varias generaciones y miles de familias que han elegido regresar una y otra vez a la isla para disfrutar de sus vacaciones.
Al frente de esta historia se encuentra Fernando Estrade Moreno, director del establecimiento desde hace casi una década. Llegó desde Madrid buscando un estilo de vida diferente y acabó encontrando en Menorca un lugar donde desarrollar tanto su carrera profesional como su proyecto personal.
Su historia demuestra que gestionar un hotel no consiste únicamente en llenar habitaciones. También implica adaptarse a los cambios sociales, cuidar a las personas y entender que el turismo es mucho más que una actividad económica.
Una decisión que cambió su vida
Fernando nació y creció en Madrid, pero hace nueve años decidió cambiar el ritmo de una gran ciudad por la tranquilidad de Menorca.
La isla no era un destino desconocido para él. Existía una vinculación familiar previa que facilitó una decisión que terminaría marcando un antes y un después en su vida.
Hoy reconoce que Menorca representa mucho más que su lugar de trabajo.
Es el sitio donde ha construido su presente.
La naturaleza, la tranquilidad y una forma diferente de entender el tiempo son algunos de los aspectos que más valora de una isla que considera ya parte de su identidad.

Más de 50 años de historia familiar
Hablar del Hotel Aguamarina es hablar de una parte de la evolución turística de Menorca.
El proyecto nació durante el gran desarrollo turístico de los años setenta, cuando muchas familias apostaron por crear negocios ligados al futuro de la isla.
En sus inicios existían dos hoteles independientes: Aguamarina y Topacio.
Muchos menorquines todavía recuerdan ambos nombres.
Fue durante la década de los noventa cuando ambos establecimientos se unificaron para crear un único complejo orientado al turismo familiar, un modelo que continúa siendo la seña de identidad del hotel.
Lejos de conformarse con el éxito alcanzado, cada generación ha seguido invirtiendo y adaptando las instalaciones a las nuevas necesidades de los viajeros.
El resultado es un establecimiento que ha sabido mantener su esencia mientras evolucionaba con el paso de las décadas.
El valor de las familias que siempre vuelven
Si algo diferencia hoy al Hotel Aguamarina es la fidelidad de sus clientes.
Fernando explica que cada temporada recibe a numerosas familias que llevan años, e incluso generaciones, pasando sus vacaciones en el mismo lugar.
Muchos niños que comenzaron visitando el hotel con sus padres regresan ahora acompañados de sus propios hijos.
Ese fenómeno, asegura, confirma que el verdadero éxito no está únicamente en captar nuevos visitantes, sino en conseguir que quienes ya conocen Menorca deseen volver una y otra vez.
El hotel ha orientado toda su oferta precisamente hacia ese público familiar, adaptando instalaciones, servicios y actividades para convertir las vacaciones en una experiencia compartida entre padres e hijos.
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Un sector que ha cambiado sin perder su esencia
Cinco décadas permiten observar con perspectiva la evolución del turismo en Menorca.
Aunque las nacionalidades predominantes siguen siendo muy similares —con una fuerte presencia de visitantes británicos y españoles, además del crecimiento del mercado francés—, el perfil del viajero ha cambiado.
Hoy el turista busca experiencias más completas, servicios adaptados a sus necesidades y establecimientos capaces de ofrecer algo más que alojamiento.
En el caso del Hotel Aguamarina, esa evolución ha consistido en reforzar precisamente aquello que siempre les ha diferenciado: el turismo familiar.
El año que nadie olvidará
Después de tantos años dedicados a la hostelería, Fernando ha vivido situaciones de todo tipo.
Sin embargo, hay una que permanece especialmente grabada en su memoria.
La pandemia de la COVID-19.
Como ocurrió en miles de negocios turísticos, el cierre llegó de manera repentina.
En un primer momento pensaron que únicamente serían unas semanas y dejaron prácticamente todo preparado para regresar rápidamente a la actividad.
La realidad fue muy distinta.
Aquella incertidumbre obligó a reorganizar completamente el funcionamiento del hotel y afrontar uno de los momentos más difíciles de su historia reciente.
Una experiencia que todavía hoy recuerda como la etapa más complicada desde su llegada a Menorca.
Trabajar donde otros vienen a descansar
Dirigir un hotel nunca significa estar de vacaciones.
Fernando sonríe cuando recuerda que muchas personas asocian automáticamente un establecimiento turístico con una vida relajada.
La realidad es muy diferente.
La temporada alta implica largas jornadas, mucha responsabilidad y un elevado nivel de exigencia.
Pero también reconoce que trabajar frente al mar, rodeado de un entorno natural como el de Menorca, compensa parte de ese esfuerzo diario.
Mientras miles de personas llegan buscando descanso, detrás existe un equipo que trabaja para que cada estancia resulte inolvidable.

Los grandes retos del turismo menorquín
Cuando habla del futuro del sector, Fernando identifica dos desafíos especialmente importantes.
El primero es la estacionalidad.
Menorca continúa teniendo enormes dificultades para mantener actividad turística durante el invierno.
La limitada conectividad aérea y marítima reduce considerablemente las posibilidades de atraer visitantes fuera de la temporada alta.
No se trata únicamente de un problema para las empresas.
También afecta a quienes viven en la isla y necesitan desplazarse durante esos meses.
El segundo gran reto es la dificultad para encontrar profesionales que cubran todos los puestos de trabajo que requiere la hostelería.
Una situación que comparte buena parte del sector como José Antonio Senet Director del Camping Son Bou, Cristina Saura al frente del Beach Club Viva la Pepa, o incluso Jordi Pons uno de los grandes referentes de la restauración en la isla. Algo que les obliga también a buscar nuevas fórmulas para garantizar el relevo profesional.
El papel del Imserso
En los últimos años, el programa del Imserso ha vuelto a situarse en el centro del debate turístico.
Fernando tiene una visión muy clara sobre su utilidad.
Reconoce que económicamente no representa un gran negocio para los hoteles.
Sin embargo, considera que cumple una función mucho más importante.
Permite mantener abiertos los establecimientos durante más tiempo, conservar las instalaciones en funcionamiento y ofrecer más meses de trabajo a los equipos humanos.
En otras palabras, ayuda a prolongar la vida del hotel más allá del verano y contribuye a mantener activo un sector que depende enormemente de la estacionalidad.
Mirar al futuro sin olvidar el pasado
Después de más de medio siglo de historia, el Hotel Aguamarina continúa evolucionando.
Lo hace con la experiencia acumulada durante varias generaciones, pero también con la convicción de que el turismo cambia constantemente y obliga a adaptarse.
Fernando Estrade forma parte de esa nueva generación de profesionales que entiende que el éxito no consiste únicamente en crecer.
También consiste en mantener aquello que hizo especial un proyecto desde sus orígenes.
Porque, al final, las instalaciones pueden renovarse, las habitaciones pueden modernizarse y los servicios pueden mejorar.
Pero hay algo que sigue siendo insustituible después de cincuenta años: conseguir que miles de familias vuelvan a elegir Menorca como el lugar donde crear sus mejores recuerdos.
Conoce más historias como la de Fernando en nuestra sección de PROTAGONISTAS y disfruta las entrevistas en nuestro canal de YOUTUBE.
AUTOR: Iván Torrijos
ACTUALIZADO: 5 de JULIO de 2026