Fernando Estrade Moreno es el director del Hotel Aguamarina, uno de los establecimientos familiares con mayor trayectoria de Menorca. Vinculado a la isla desde hace casi una década, lidera un proyecto que supera los 50 años de historia y que ha sabido evolucionar generación tras generación hasta convertirse en un referente del turismo familiar. En esta entrevista para Digital Menorca, comparte su visión sobre la transformación del sector turístico, los desafíos de la hostelería menorquina y el futuro de una actividad clave para la economía de la isla.
Para la comunidad de Digital Menorca, ¿quién es Fernando Estrade Moreno?
Soy el director del Hotel Aguamarina. Soy de Madrid y vine a Menorca hace aproximadamente nueve años, buscando un sitio un poco más relajado que la ciudad. Desde entonces, estoy aquí haciendo mi vida.
¿Qué significa Menorca para ti y cómo ha marcado tu vida personal y profesional?
Menorca para mí significa un lugar de naturaleza y relax. Personalmente, tengo cierta vinculación familiar con la isla y, profesionalmente, es donde me he desarrollado durante los últimos nueve años de mi vida. Menorca tiene un peso muy importante en mi vida, tanto a nivel personal como profesional.
«Poco a poco hemos ido evolucionando para centrarnos mucho más en este tipo de público…»
Tu vida está muy ligada a la isla, pero también a un proyecto familiar pionero. ¿Cómo empieza la historia del Hotel Aguamarina y qué recuerdas de aquellos primeros años?
La historia del Hotel Aguamarina empieza hace más de cincuenta años, en la década de los setenta, en pleno boom turístico. Fue entonces cuando se construyó todo esto, con mucho esfuerzo familiar. Generación tras generación, hemos llegado hasta 2026 siendo uno de los hoteles más importantes de la isla.
Inicialmente, esto se construyó como dos hoteles independientes: Hotel Aguamarina y Topacio. En Menorca todavía hay mucha gente que los conoce así. Más o menos en los años noventa se fusionaron y se creó un solo complejo con el objetivo de dar cobertura a un público más familiar, aprovechando todas las instalaciones exteriores. Poco a poco hemos ido evolucionando para centrarnos mucho más en este tipo de público, con las últimas actualizaciones realizadas durante estos años.
Desde entonces habéis visto cambiar muchísimo la isla. Mirando atrás, ¿cómo ha evolucionado el turismo en Menorca desde aquellos inicios hasta hoy?
El turismo ha ido evolucionando, sobre todo en lo que se refiere a nuestro hotel. Siempre hemos estado orientados a un público muy familiar, pero especialmente en estos últimos años tenemos muchísimos clientes repetidores y cada vez estamos más centrados en las familias y en los niños. Todo nuestro objetivo es dar cobertura a este segmento.
En cuanto a las nacionalidades, desde el principio han sido bastante estables. Mucho cliente británico y también muchos españoles. En los últimos años está entrando más cliente francés, pero no hay nada que sorprenda excesivamente. En ese aspecto, el perfil de nacionalidades ha sido bastante estable.
Después de tantos años viendo pasar generaciones de clientes y temporadas de todo tipo, seguro que te ha tocado vivir de todo. ¿Cuál ha sido el momento más surrealista o inesperado como director de hotel?
El momento más complicado, como anécdota, fue durante la COVID-19, cuando se paró toda nuestra operativa. Al principio parecía que cerrábamos temporalmente durante dos semanas y que volveríamos enseguida. Todo quedó en su sitio, sin guardar nada. De hecho, di la orden a los departamentos de no recoger como si fuera un cierre definitivo. Lamentablemente, poco tiempo después vimos que aquello iba para largo y tuvimos que hacer un cierre completo y una posterior apertura en verano. Fue el año más complicado desde que estoy aquí.
«Hay mucho trabajo y mucho estrés, pero trabajar en un entorno como este…»
Más allá de las anécdotas, ¿qué es lo mejor —y también lo más complicado— de dirigir un hotel familiar en Menorca?
Lo mejor de Menorca es que estamos en un entorno envidiable. Yo también he trabajado en Madrid y ya me habría gustado trabajar antes en un destino vacacional como este. Al final, es un lugar de vacaciones para los clientes; no significa que nosotros estemos de vacaciones. Hay mucho trabajo y mucho estrés, pero trabajar en un entorno como este, con el mar al lado y con estas vistas, es realmente envidiable.
Y hablando de dificultades, ¿cuáles dirías que son hoy los grandes retos de la hostelería y el turismo en Menorca?
Menorca tiene un gran reto histórico, que es la temporada baja. Durante el invierno, al no haber prácticamente conectividad, ni siquiera para los que vivimos aquí en la isla, resulta muy complicado atraer clientes si no tienen una manera sencilla de llegar hasta Menorca.
Otro de los retos que nos estamos encontrando en los últimos años es la dificultad para encontrar personal que cubra todos los puestos de trabajo.
Uno de los grandes debates siempre ha sido la temporada turística. ¿Crees que programas como el Imserso ayudan realmente a alargar la temporada en Menorca?
El Imserso es un tipo de público que nos ayuda a extender la temporada turística. Históricamente hemos trabajado muchos años con este programa y, de hecho, este año seguimos haciéndolo.
Es muy positivo a la hora de alargar la temporada porque evita que las instalaciones permanezcan cerradas durante muchos meses, algo que acaba afectándolas. Además de reducir el tiempo con el hotel cerrado, ampliamos los meses de trabajo y de actividad para todo el personal.
El objetivo, en este caso, no es económico, porque las cuentas no salen para obtener beneficios, pero al menos permite ampliar la actividad y ofrecer un mejor servicio, tanto a los trabajadores como al mantenimiento de las instalaciones y, en definitiva, a los propios clientes.
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