Miguel Martín: la historia del vecino que decidió alzar la voz por el territorio de Menorca
Hay personas que llegan a Menorca buscando tranquilidad. Y hay otras que, precisamente porque encuentran aquí aquello que buscaban, terminan sintiendo la necesidad de protegerlo.
La historia de Miguel Martín tiene bastante de las dos cosas.
Cuando Digital Menorca habló con él hace unos meses, no comenzó presentándose como activista ni como presidente de una asociación.
Se definió de una manera mucho más sencilla:
“Un vecino preocupado”.
Un vecino de Mahón al que le gusta la naturaleza, caminar, el mar, los animales y el arte. Miguel dibuja caballos y reconoce que intenta pasar todo el tiempo posible al aire libre.
Esa relación personal con Menorca ayuda a entender todo lo que vino después. Y lo vimos en Protagonistas.
Menorca como forma de recuperar la libertad
Cuando le preguntamos qué significaba vivir en Menorca, Miguel utilizó una palabra varias veces: libertad.
Para él, la isla significó recuperar cosas aparentemente pequeñas: caminar, estar en contacto con la naturaleza, comprar producto local o tener espacios naturales a pocos minutos de casa.
“Vivir en Menorca para mí ha sido reencontrarme con la libertad”, nos contó entonces.
No hablaba de energía.
Ni de placas solares.
Ni de política energética.
Hablaba de una forma de vivir.
Y precisamente ahí empieza a entenderse su historia.
El momento en que algo cambia
Durante sus viajes en avión, Miguel recuerda mirar Menorca desde arriba y contemplar una isla predominantemente verde salpicada por los núcleos urbanos.
Hasta que comenzó a percibir un cambio.
Según relató a Digital Menorca, la aparición de grandes extensiones de instalaciones fotovoltaicas sobre el territorio le hizo preguntarse qué estaba ocurriendo y, sobre todo, por qué consideraba que existía tan poco debate social alrededor de esa transformación.
No partía completamente de cero.
Anteriormente había colaborado con Cero Plastic, coordinando recogidas de residuos y actividades de concienciación. También había empezado a interesarse por proyectos de grandes instalaciones renovables en otros puntos de España.
Hasta que llegó a una conclusión:
“No hay ninguna voz aquí en Menorca que hable de este tema. Vamos a crear esa voz.”
Así nació G.R.A.M. Menorca.

No estar contra las renovables, sino discutir cómo implantarlas
Este es probablemente uno de los puntos más importantes para entender el discurso que Miguel intenta trasladar.
Su planteamiento no consiste en rechazar las energías renovables.
La discusión que propone es otra: dónde, cómo y a qué escala deben implantarse en un territorio limitado como Menorca.
G.R.A.M. cuestiona especialmente la ocupación de suelo rústico mediante grandes instalaciones y defiende alternativas como el autoconsumo, las cubiertas de edificios, espacios ya antropizados y las comunidades energéticas.
Es una posición dentro de un debate mucho más amplio sobre cómo debe realizarse la transición energética de la isla.
Y Miguel quiere que ese debate exista.
De hablar en redes a hacerlo en el Ateneo de Mahón
Lo que comenzó prácticamente como una necesidad personal de compartir información ha ido encontrando audiencia.
Miguel reconocía durante nuestra entrevista que las redes sociales le habían sorprendido. Algunos contenidos publicados por él habían alcanzado decenas de miles de visualizaciones y uno de ellos, según explicó entonces, había superado las 136.000 reproducciones.
Pero hay una diferencia importante entre publicar un vídeo en redes sociales y sentarse ante un público dispuesto a escuchar y debatir.
Ese segundo paso llegó también en el Ateneo de Mahón, donde Miguel Martín ofreció una conferencia sobre las grandes instalaciones renovables y su impacto en el territorio.
La charla demuestra hasta qué punto una inquietud que comenzó casi de manera individual ha conseguido entrar en espacios tradicionales del debate ciudadano menorquín.
La conferencia incluso provocó reacciones posteriores. Una carta publicada en un periódico local, por ejemplo, hacía referencia expresa a haber visto en YouTube la intervención de Miguel Martín en el Ateneo y al impacto que le había causado su contenido.
Eso, independientemente de que se compartan o no todas sus conclusiones, significa que el debate está llegando a la calle.

“Me siento mejor actuando”
Quizá la frase que mejor explica a Miguel no tenga que ver con las placas solares.
Durante nuestra conversación le preguntamos por qué dedicaba tanto tiempo y energía a todo esto.
Su respuesta fue sencilla:
“Me siento mejor actuando que pensando que no pasa nada y alguien lo arreglará.”
Es la misma actitud que asegura tener cuando encuentra plástico en una playa y comienza a recogerlo.
Puede parecer un detalle menor, pero explica bastante bien su manera de entender la relación con el territorio.
Primero observa.
Después se preocupa.
Y finalmente intenta hacer algo.
¿Qué Menorca queremos dentro de veinte años?
En el fondo, detrás de toda la discusión energética aparece una pregunta mucho mayor.
¿Cómo queremos que sea Menorca en el futuro?
La transición hacia fuentes renovables forma parte de los grandes retos de las próximas décadas. Pero también lo son la conservación del paisaje, la actividad agrícola, la biodiversidad, el consumo energético y la necesidad de decidir qué infraestructuras necesita realmente una isla como Menorca.
Miguel y G.R.A.M. defienden una determinada respuesta a esas preguntas. Otras organizaciones, empresas, técnicos y administraciones pueden defender planteamientos diferentes.
Y precisamente por eso resulta importante hablar de ello.
Porque una transformación de esta magnitud no debería producirse de espaldas a la sociedad.
De vecino preocupado a formar parte de la conversación
Cuando Miguel Martín apareció por primera vez en Digital Menorca, G.R.A.M. era todavía una iniciativa muy joven.
Meses después, encontramos a ese mismo vecino explicando sus argumentos ante el público del Ateneo de Mahón.
Es probablemente la evolución más interesante de su historia.
No hace falta estar de acuerdo con cada una de sus afirmaciones para entender qué le mueve.
Miguel encontró en Menorca naturaleza, tranquilidad y una forma de vida que sentía que había perdido.
Y cuando creyó que parte de aquello podía cambiar, decidió implicarse.
Primero recogiendo información.
Después publicándola.
Más tarde creando una asociación.
Y ahora participando en espacios públicos de debate.
Quizá esa sea también una de las cosas que construyen una comunidad: personas dispuestas a involucrarse en aquello que consideran importante y ciudadanos dispuestos a escuchar, preguntar y formarse su propia opinión.
Porque el futuro energético de Menorca no pertenece únicamente a quienes diseñan los proyectos.
También pertenece a quienes vivirán en la isla que quede después.
🎙️ Miguel Martín en el Ateneo de Mahón
Para quien quiera profundizar en los argumentos defendidos por G.R.A.M., puede consultar también su conferencia completa en el Ateneo.
Ver la conferencia completa en YouTube
¿Y tú que opinas? Te leemos en comentarios.
AUTOR: Iván Torrijos
ACTUALIZADO: 6 de Septiembre de 2026
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