Cristina Saura: tres generaciones, una abuela y un restaurante frente al mar
Hay restaurantes que nacen de un plan de negocio. Y otros que nacen porque una familia necesita salir adelante.
La historia de Viva la Pepa, en Arenal d’en Castell, pertenece al segundo grupo.
Para entender por qué este restaurante significa tanto para Cristina Saura hay que retroceder varias décadas y conocer primero a otra mujer: su abuela.
Se llamaba Asunción, aunque para sus nietos siempre fue “la Pepa”.
Quedó viuda con siete hijos pequeños en una época en la que ver a una mujer trabajando y dirigiendo un negocio era mucho menos habitual que hoy.
Pero había una familia que sacar adelante.
Y lo hizo.
No te pierdas la historia de nuestros Protagonistas.
Una abuela, siete hijos y el comienzo de una historia
La abuela de Cristina puso en marcha el establecimiento que durante años muchos menorquines conocieron como Snack Bar S’Arenal.
Los hijos mayores comenzaron a trabajar con ella y aquel pequeño negocio familiar terminó convirtiéndose en parte de la historia de Arenal d’en Castell.
Décadas después, Cristina tomó el relevo.
Y cuando llegó el momento de cambiar el nombre del restaurante decidió que aquella historia debía seguir presente.
El nombre no responde a una estrategia comercial. Es un homenaje a su abuela y a la mujer que hizo posible que varias generaciones de la familia hayan podido continuar vinculadas a la hostelería.
Por eso Cristina lo resume de una manera muy sencilla: para ella, aquello es mucho más que un beach bar.
Crecer dentro de la hostelería
Cristina es menorquina, creció en Arenal d’en Castell y, aunque pasó unos diez años fuera estudiando, terminó regresando a la isla.
La hostelería nunca fue para ella un mundo desconocido.
La había visto desde pequeña.
Clientes, temporadas, proveedores, horarios, trabajadores, días buenos y días complicados formaban parte de la vida familiar.
Eso proporciona experiencia, pero también añade presión.
Cristina reconoce que asumir un negocio que había funcionado bien durante generaciones suponía una importante responsabilidad.
Cuando recibes algo que tus padres y abuelos han conseguido sacar adelante, ya no se trata únicamente de conseguir que funcione.
También quieres estar a la altura de quienes estuvieron antes.
Viva la Pepa quiere ser algo más que comer frente al mar
La ubicación ayuda.
Sentarse junto al Mediterráneo, escuchar las olas y contemplar Arenal d’en Castell ya forma parte de la experiencia.
Pero Cristina quiere ir un poco más allá.
Su objetivo es que quien visite Viva la Pepa recuerde el conjunto de la experiencia: las vistas, el ambiente, la atención y la gastronomía.
En la cocina intentan trabajar con producto fresco y dar protagonismo al producto local.
Y en sala hay otro ingrediente que considera fundamental: las personas.
Porque un restaurante puede tener unas vistas extraordinarias, pero son quienes trabajan en él los que terminan determinando buena parte de la experiencia del cliente.
El gran problema de la hostelería en Menorca
Precisamente encontrar esas personas se ha convertido en uno de los principales problemas del sector.
Cristina Saura señala la dificultad para conseguir personal cualificado, estable y dispuesto a regresar varias temporadas.
Y detrás aparece inevitablemente otro de los grandes problemas de Menorca: la vivienda.
Muchos trabajadores que llegan para la temporada turística tienen enormes dificultades para encontrar alojamiento.
Pero existe además otra paradoja.
Los profesionales quieren estabilidad durante todo el año mientras muchos negocios continúan dependiendo de unos pocos meses de actividad.
Y ahí aparece uno de los grandes objetivos personales de Cristina.
El sueño de abrir Viva la Pepa todo el año
Cristina quiere que Viva la Pepa deje de ser solamente un establecimiento de temporada.
Su sueño es abrir durante todo el año.
No únicamente pensando en los turistas.
También en quienes vivimos en Menorca.
Porque desestacionalizar la hostelería permitiría estabilizar plantillas, repartir costes durante más meses y construir negocios menos dependientes de julio y agosto.
Pero para conseguirlo considera fundamental que los propios residentes también apostemos por nuestros restaurantes durante el invierno.
Menorca no puede pedir establecimientos abiertos en enero y febrero si después permanecen vacíos.
¿Y cómo conseguimos una Menorca abierta durante más meses?
Aquí el problema deja de ser exclusivamente empresarial.
Cristina Saura apunta directamente a la conectividad aérea.
Más vuelos durante el invierno, mayor competencia y mejores precios podrían facilitar que Menorca recibiera visitantes durante más meses.
La desestacionalización no depende únicamente de que un hotel o un restaurante decida levantar la persiana.
Necesita aviones, actividades, comercios, restaurantes y servicios funcionando simultáneamente.
Necesita, en definitiva, una isla abierta.
El turismo que Cristina quiere para Menorca
Su modelo tampoco pasa por intentar competir con cualquier destino.
Cristina apuesta por un turismo familiar, tranquilo y conectado con aquello que diferencia a Menorca.
Familias, naturaleza, gastronomía, tranquilidad y tiempo compartido.
Un visitante que no necesite transformar Menorca para disfrutarla.
Porque para Cristina la isla significa precisamente eso: paz, libertad y comunidad.
Aquí se ha criado. Aquí ha decidido formar su familia. Y aquí sabe que, cuando existe un problema, todavía hay personas a las que puede recurrir.

Mucho más que un restaurante
Quizá por eso la historia de Viva la Pepa no puede explicarse solamente hablando de gastronomía.
Es también la historia de una familia menorquina.
De una mujer que quedó viuda con siete hijos y decidió ponerse al frente de un negocio.
De sus hijos trabajando junto a ella.
Y de una nieta que, varias décadas después, decidió ponerle al restaurante el nombre con el que recordaba a su abuela.
Hoy Cristina Saura tiene por delante problemas muy diferentes a los que tuvo que afrontar aquella primera generación: vivienda, personal, estacionalidad, conectividad o costes empresariales.
Pero el principio sigue siendo prácticamente el mismo:
conseguir que un negocio familiar continúe avanzando sin olvidar de dónde viene.
Y quizás ahí esté precisamente el verdadero significado de Viva la Pepa.
No es solamente un restaurante frente al mar.
Es una pequeña parte de la historia de una familia y de la propia hostelería de Menorca.
Tu opinión nos importa, te leemos en comentarios.
AUTOR: Iván Torrijos
ACTUALIZADO: 23 de Agosto de 2026
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