Esta semana, en Protagonistas de Digital Menorca, conocemos a Diego Huguet, mestre d’aixa de Ciutadella y uno de los últimos guardianes de un oficio tradicional estrechamente ligado a la historia marítima de Menorca.
Diego creció entre barcos de madera y aprendió el oficio de su padre desde niño. Hoy, según explica, es el último mestre d’aixa que permanece en activo en la isla.
En su taller, la madera, los llaüts y la memoria de varias generaciones se encuentran con una pregunta que va mucho más allá de su propio oficio: ¿qué ocurrirá con este patrimonio cuando ya no haya nadie que sepa hacerlo?
Hablamos con Diego sobre su historia, su oficio y el futuro de los barcos de madera en Menorca.
Queremos conocer a Diego, después descubrir el oficio a través de él y terminar planteando la gran cuestión: ¿qué ocurre con este patrimonio cuando ya no haya quien sepa hacerlo?
Para la comunidad de Digital Menorca, ¿quién es Diego Huguet cuando cierra la puerta del taller?
Soy Diego Huguet, tengo cuarenta y un años, soy del 84, nacido aquí, en Ciutadella, Menorca. Y, en principio, hasta que yo sepa, soy ya el último mestre d’aixa que queda en activo.
Yo, cuando cierro el taller, voy para casa, aunque nunca hay un horario de cuándo se cierra. Y después, bueno, en casa, pues familia, mujer, los niños. Pero la mente siempre está metida aquí dentro, a ver qué va a pasar al día siguiente.
¿Cómo explicarías a alguien de fuera lo que es vivir en Menorca?
¿Vivir en Menorca? En verano hay un boom, un exceso de gente, y en invierno, una soledad infinita. Pasamos de las cuatro personas que somos en Menorca a triplicarlo en el mes de agosto.
La tranquilidad, el ambiente, la tranquilidad… A mí el estrés y la gente me superan. La tranquilidad del invierno me gusta.
«Mi padre era el primero que no quería que continuara con esto porque, según él, no había futuro.»
Eres hijo de mestre d’aixa. ¿Cuál es tu primer recuerdo dentro del taller de tu padre?
Mi primer recuerdo no lo sé, porque he estado toda la vida siempre metido dentro del taller. Pero a lo mejor te podría decir que desde los cuatro o cinco años ya he estado siempre dentro del taller.

¿Elegiste ser mestre d’aixa o, habiendo crecido entre barcos de madera, era casi inevitable que terminaras dedicándote a esto?
No, siempre, tanto ya de niño, lo tenía muy claro: sabía lo que quería continuar, aunque mucha gente siempre me ha dicho que tirara por otro lado.
Pero bueno, siempre me ha gustado esto y siempre he querido seguir. Mi padre era el primero que no quería que continuara con esto porque, según él, no había futuro.
Para alguien que nunca ha entrado en tu taller: ¿qué es exactamente un mestre d’aixa y qué trabajo realiza?
Se diseñan, se construyen, se restauran y se mantienen embarcaciones de madera.
Incluso después de haberlas construido o restaurado, los propietarios han querido que las guardara y que hiciera el mantenimiento de esas mismas embarcaciones.
«Un barco de madera es un ser vivo: se mueve, tiene vida, tiene alma.»
Si hoy te encargaran construir un llaüt menorquín desde cero, ¿cómo empieza el proceso y cuánto puede tardar hasta verlo navegar?
El proceso empieza por ir al bosque a cortar la leña. Se trata, se cura y se deja secar.
Después diseñamos la maqueta de la embarcación al gusto que tú quieras. A partir de ahí se traza la maqueta a escala y después se trasladan las plantillas a tamaño real. Y de ahí se empieza la construcción de la embarcación.
El proceso, pues según el tipo de embarcación que quieras. Si quieres cinco o seis metros, siete metros, ocho metros… Pero una barquita de unos seis metros puede llevar un año.
Hoy en día hay cosas que se pueden hacer solo y otras que se pueden hacer entre dos personas.
¿Qué tiene un auténtico llaüt menorquín que no tiene una embarcación moderna de fibra?
Un yate de madera, sobre todo en la navegación, no cambia mucho respecto a uno de plástico. Además, yo siempre he dicho que un barco de madera es un ser vivo: se mueve, tiene vida, tiene alma. Un barco de plástico es química y dura lo que dura.
Y la navegación, claro, sobre todo al ser como un ser vivo, hace que su propio peso esté repartido por todo el casco.
En cambio, un barco de plástico no. Para compensar el mismo peso tienes que ponerlo en un solo punto. En una embarcación de madera, como el peso está repartido por todo el casco, en el plástico, al ser más ligero, tienes que compensar el mismo peso, pero ese peso está centrado en un mismo punto, en medio.
Por eso cabecea más. Las cabezadas son más secas y, en cambio, el barco de madera siempre tiene un movimiento más dulce, más suave, más cariñoso, por decirlo claro.
«Le tenía esa espinilla clavada y ahora la tengo. Esperaba algún día poder restaurarla.»
¿Hay alguna embarcación que hayas construido o restaurado junto a tu padre que nunca olvidarás?
A ver, las recuerdo casi todas. Todas tienen su algo especial para mí, porque por una cosa o por otra tienen un qué.
Pero bueno, ahora también acabo de conseguir una que hacía mucho tiempo que estaba buscando para recuperarla. Al fin ya la tengo. Le tenía esa espinilla clavada y ahora la tengo y esperaba algún día poder restaurarla.
Esa misma la hicimos cuando yo tenía ocho años. La recuerdo muy bien. Fue también la embarcación donde aprendí un poco a navegar, a pescar, un poco de todo.
Nunca fue nuestra, sino que siempre fue para un cliente. Pero en invierno la utilizábamos nosotros y en verano la utilizaba el propietario.
Te presentamos como uno de los últimos mestres d’aixa de Ciutadella. ¿Existe riesgo real de que este oficio desaparezca de Menorca?
De momento estamos en una situación de mucho riesgo, ya que, hasta que yo sepa y en constancia, ya soy el último en activo en toda la isla.
Es verdad que el trabajo no me lo termino, pero también es verdad que la gente está muy mentalizada, muy cerrada con la idea de un barco de madera frente a uno de plástico, cuando hoy en día el mantenimiento de un barco de madera es, hoy por hoy, igual que el de un barco de fibra.
Y después, claro, eso también es un poco lo que hace que a la gente le cueste tirarse a un barco de madera, por la mentalidad equivocada que, con los años, se ha ido metiendo a la gente: el engaño de que un barco de madera lleva más mantenimiento, lleva más complicaciones, más… Y esa es la pelea de cada día.
«Hoy en día un barco de madera no es tan complicado como hace ochenta años.»
Si mañana apareciera un chico o una chica de 16 años en tu taller y te dijera “Diego, quiero aprender a hacer lo que haces tú”, ¿qué le responderías?
Sí, habría futuro, o hay futuro, si se consigue mentalizar a la gente de que esto puede seguir adelante. Yo creo que sí. Pero bueno, hay una lucha constante detrás.
El chaval que venga, que venga con ganas de trabajar y de aprender. De momento está el Centre de la Mar, donde suelen hacer clases de formación de nivel de mantenimiento. Pero bueno, salen un poco verdes.
Trabajo hay, aquí no se termina. Y sobre todo, la gente que venga con ganas de aprender y de trabajar.
Y nada. Sobre todo, mentalizar a la gente de que hoy en día un barco de madera no es tan complicado como hace ochenta años.
ACTUALIZADO: 11 de Octubre de 2026
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